Wittgenstein Y Mediación

La vida de Wittgenstein fue poco convencional. El fue el hijo menor de una familia
Vienesa de posición muy acomodada. Cuando su padre murió, Wittgenstein renunció a su
herencia. El estudió ingeniería mecánica en Alemania, después se traslado a Inglaterra para
hacer investigaciones en aeronáutica en la Universidad de Manchester y tiempo después se
fue a la Universidad de Cambridge para estudiar los fundamentos lógicos de las
matemáticas con Bertrand Rusell. Wittgenstein se enlistó en el ejército de Austria durante
la primera guerra mundial y fue tomado como prisionero por los italianos en 1919. Después
de la guerra, se convirtió en maestro rural en una villa de Austria. Al cabo de algunos años
fue jardinero en un monasterio y diseño una csas para su hermana en Viena. Al final de los
años veintes él regresó a la Universidad de Cambridge donde eventualmente fue nombrado
profesor en filosofía. A partir de los años treintas el empezó sus Investigaciones Filosóficas,
las cuales fueron publicadas después de su muerte en 1953 (IF)(2). En la segunda guerra
mundial se ocupó como portero del dispensario en el Hospital Guy.

Filosofías de Wittgenstein

Su producción filosófica es única en el sentido de que generó dos escuelas del
pensamiento: el positivismo lógico y la filosofía analítica del lenguaje ordinario.

En su juventud Wittgenstein mantuvo como proposición central que el lenguaje era
una fotografía del mundo. Esto fue el punto central de la publicación Tractus Lógico-Philosophicus, 1992 (TLP).(3) El sentido principal de esta obra puede ser sumarizado en las
propias palabras de Wittgenstein: “Lo que puede ser dicho, puede ser dicho claramente, y
de lo que no se puede hablar hay que callar”
(TLP, P3).

El lenguaje se debería referir a hechos, mientras que la enseñanza de palabras
consistía en establecer una asociación entre palabras y hechos. De igual manera, el uso del
lenguaje podía ser correcto e incorrecto dependiendo de la correspondencia entre palabras
y hechos. Desentendimientos de lenguaje son la fuente de los problemas filosóficos. El
positivismo lógico descansa en el Tractatus.

En su madurez Wittgenstein pensó que el reto de la filosofía era esclarecer los usos
del lenguaje. Desarrolló el concepto de juego de lenguaje para enseñar como el significado
de las palabras era determinado por el contexto en el que las palabras son usadas.

La tarea de la filosofía fue por él entonces concebida como una actividad terapéutica
para el uso del lenguaje. La actividad del filósofo era el de reconciliar los diferentes
significados de las palabras para clarificar problemas filosóficos. Wittgenstein escribió: “La
filosofía es una lucha contra el embrujo de nuestro entendimiento por medio de nuestro
lenguaje”
.(IF 109).

Naturaleza del lenguaje

Wittgenstein dijo que un lenguaje es una forma de vivir, es parte de una cultura, y
por ello no es un fenómeno privado en el sentido de Descartes, sino un asunto público (IF
241). Para él los juegos del lenguaje no pueden existir separadamente de como actuamos,
pensamos o sentimos.

Palabras y lo que ellas representan son dos cuestiones diferentes. “Es imposible que
las palabras aparezcan de dos modos diferentes, solas y en la proposición”
(TLP 2.0122).
La palabra y lo que representa son dos hechos diversos. La palabra fuego no quema.

Problemas filosóficos

En filosofía, los problemas surgen cuando el desentendimiento del lenguaje emerge,
cuando el lenguaje se va de vacaciones (IF 38). Esto ocurre porque una o diferentes
palabras que tienen algún significado en un juego de lenguaje especificó, son usadas en otro
juego de lenguaje. Por ejemplo, frente a la interrogante dónde esta tu alma? Perplejidades
filosóficas ocurren. Porqué? Porque el sentido ordinario en el cual usamos la palabra alma,
es en un juego de lenguaje que pertenece a realidades inmateriales, y este juego es diverso
a áquel que sirve para nombrar objetos físicos, juego de lenguaje en el cual tienen pleno
sentido preguntas como cual es el significado de la palabra mesa o dónde esta la mesa? Si
uno no esta prevenido de la translapación de diferentes juegos de lenguajes, problemas sin
solución son generados, sin una respuesta persuasiva.

En las propias palabras de Wittgenstein: “El lenguaje disfraza el pensamiento. Y de
un modo tal, en efecto, que de la forma externa del ropaje no puede deducirse la forma del
pensamiento disfrazado; porque la forma externa del ropaje está constituida de cara a
objetivos totalmente distintos que el de permitir reconocer la forma del cuerpo. Las
convenciones tácticas para la comprensión del lenguaje ordinario son enormemente
complicadas
(TLP 4.002).

La filosofía y la solución de conflictos

Me parece que los conflictos legales surgen cuando hay desentendimiento de
palabras legales y es por eso que una manera de pensar para su solución puede ser similar
a los métodos que Wittgenstein sugiere para lidiar con los problemas filosóficos. El
derecho es es un juego de lenguaje especifico, una forma de vida para los que lo crean y
lo aplican, ya sea como órganos del estado, como abogados o como gente ordinaria. El
derecho es un modelo para dar significado al comportamiento humano y a fenómenos
naturales. El derecho es un conjunto de reglas que no causa cambio directo en el universo,
lo que cambia el mundo es la conducta humana y los fenómenos naturales.

La resolución de conflictos legales

Mientras que la actividad de clarificar problemas filosóficos puede ser llevada a
cabo por cualquier persona sin un específico esquema, cuando una cuestión legal surge, la
solución es usualmente enmarcada por dos cuestiones omnipresentes: a) Quién es
competente para resolverla?, y b) Cómo debe ser resulta?

Los sistemas de derecho de los países actuales mantienen el dogma de que para
resolver disputas legales entre las partes involucradas, otros humanos imparciales
facultados por la ley (entidades políticas, autoridades administrativas, jueces, árbitros, etc.)
deben solucionar la disputa. Sin embargo este enfoque de resolución de conflictos
presupone dos premisas epistemológicas falsas: a) Que existe un universo objetivo, el cual
puede ser conocido por ésos quienes deciden, y b) Esos que deciden son imparciales
(humanos sin padres, sin país, sin amigos, sin emociones, sin pensamientos, sin deseos, sin
anhelos, etc.).

Mundos subjetivos

Sobre la primera premisa, Hipócrates, el padre de la medicina profesó que todo
estaba en nuestro cerebro. Esta opinión ha sido confirmado por los avances de la neurología
moderna. Es más claro que nunca que hay sólo realidades virtuales en cada uno de nosotros.
Las formas en las cuales nuestros cerebros capturan y procesan la información que
recibimos a través de nuestros sentidos, demuestra que cada persona percibe y crea su propia
realidad. El universo es inmenso pero cada humano sólo responde a su propia
representación del mundo. A partir de este entendimiento se deriva que cualquier decisión
sobre un conflicto legal necesariamente es una opinión subjetiva.

Humanos imparciales

En cuanto a la segunda premisa, una hipótesis para explicar este estilo de pensar se
encuentra en Platón y en Aristóteles. (4) Ellos desarrollaron una idea heredada de la filosofía
pre-socrática: La naturaleza creó algunos hombres para gobernar y a otros para obedecer.
Sus tratados muestran la preocupación de establecer criterios para designar esos hombres
que nacieron para decidir los conflictos.

En nuestros días, unos cuantos miles de años después, las bases de sus teorías esta
implícita en la organización política pero con un razonamiento diferente. Ahora se supone
que ésos que deciden conflictos legales son imparciales -no parciales, no predispuestos,
neutrales. Sin embargo esta suposición es sólo una construcción epistemológica de la teoría
jurídica, necesaria para dar coherencia al poder judicial como un órgano imparcial para
resolver disputas; pero es también una suposición disasociada de la forma real en que
cualquier humano piensa, siente y actúa. Todos los puntos de vista humanos son
predispuestos y subjetivos.

Un enfoque novedoso

Si no hay humanos imparciales qué se puede hacer para diseñar un sistema
adecuado para la solución de conflictos legales sin tener preferencias personales?

Un enfoque posible sería pensar como Albert Einstein, quien estableció que en
relación a problemas antiguos ya formulados a los cuales no se les ha encontrado solución,
lo que se requiere es el de replantear esos problemas antiguos o el descubrir nuevos
problemas. En otras palabras, cambiar el esquema de referencia del problema antiguo.

Para parafrasear al primer Wittgenstein (TLP P2), para entender problemas legales,
debemos ser aptos de encontrarnos a nosotros mismos más allá del los límites del derecho.

Uno necesita tomar una perspectiva de los problemas legales fuera del derecho, de su lógica.
La atención debe ser dirigida a los creadores y usuarios del derecho, en los humanos con
emociones e ideas.

Hipótesis de los humanos funcionales

La hipótesis se refiere a que los humanos sienten, piensan y se comportan
dependiendo de su biología y del medio ambiente en la que esta biología se ha desarrollado.
Se pude suponer también que de acuerdo con la evolución y con los descubrimiento
antropológicos, no hay un tal rasgo esencial en todos los humanos para que siempre sean
amigables o que siempre sean agresivos. Finalmente, los estudios de la evolución humana
muestran que la interacción personal inhibe la agresión y facilita la amigabilidad.

En lugar de buscar humanos irreales sin sentimientos personales y sin pensamientos,
el sistema legal debería promover la comunicación personal entre las partes para resolver
su disputa. Para este fin, una opción es la mediación donde en un proceso informal y
cooperativo las partes escogen a un mediador (quien es también humano con emociones
personales y pensamientos) quien facilita la negociación entre las partes en disputa para
alcanzar un solución aceptable a su conflicto.

La naturaleza de los problemas legales

Los problemas legales consisten de interpretaciones conflictivas de las reglas. Ellas
no son empíricas. El derecho como la filosofía no cambia el mundo, dejan “al mundo tal
como es”
(IF, 123). Las disputas legales requieren no de una doctrina sino de una actividad
para esclarecer las proposiciones legales .

La actividad de solución legal del conflicto toma lugar en una vía similar al enfoque
de problemas filosóficos de Wittgentein, no con nuevos hechos ” … sino que se resuelven
mediante una cala en el funcionamiento de nuestro lenguaje, y justamente de manera que
éste se reconozca: a pesar de una inclinación a malentenderlo. Los problemas se resuelven
no aduciendo nueva experiencia, sino compilando lo ya conocido”
(IF 109).

Otra metáfora para expresar el proceso de la resolución de un conflicto legal es no
resolviendo una contradicción por medio de un descubrimiento, “sino hacer visible
sinópticamente el estado de la matemática que nos inquieta, el estado anterior a la solución
a la contradicción.”
(IF 125).

En el mundo legal el papel del mediador en relación con las partes en conflicto, sería
equivalentes al objetivo de Wittgenstein en la filosofía: “Mostrarle a la mosca la salida de
la botella cazamoscas”
(IF 309). El mediador debe auxiliar a las partes en la clarificación
del malentendido legal para llegar a una solución.

La mediación es única en cada caso

Si existe la creencia que uno necesita aplicar reglas para la resolución de conflictos,
una advertencia fundamental es apropiada. En las palabras del reconocido vienés: “…El
hecho fundamental es aquí; que establecemos reglas, una técnica, para un juego y que
entonces, cuando seguimos las reglas, no marchan las cosas como habíamos supuesto. Que
por tanto nos enredamos, por así decirlo, en nuestras propias reglas. Este enredarse en
nuestras reglas es lo que queremos entender, es decir, ver sinópticamente.”
(IF 125).

Como consecuencia, no existe un método o un juego de reglas para mediadores para
facilitar los acuerdos entre las partes, “no hay un único método en filosofía, si bien hay
realmente métodos, con diferentes terapias”
(IF 133).

i Ludwig Wittgenstein, Investigaciones Filosóficas, Traducción en Castellano de la Tercera Edición, por García
Suárez Alfonso y Moulines Ulises, Editorial Crítica, Barcelona, 1988

ii Ludwig Wittgenstein, Tractatus Lógico-Philosophicus, traducida por Jacobo Muñoz y Isidro Reguera,
Ediciones Altaya, S.A, Barcelona, 1994

iii Plato, La República, UNAM, México, 1971. Aristotle, The Atenian Constitution, The Eudemian Ethics on
Virtues and Vices, Harvard, 1981

                        author

Luis Miguel Diaz

Luis Miguel Díaz, unfortunately now deceased, fathered four children and distrusted language, theories and authority, including his own as a father. Admires artists and scientists and their lives. He received his Law Degree at UNAM, Mexico (1974); and LLM (1976) and SJD (1986) at Harvard University Law School. President of the Interdisciplinary Center for Conflict… MORE >

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